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Perspectivas del México de #AMLO

Por: Aureola del Sol Castillo, México.- Andrés Manuel López Obrador se convirtió este 1 de diciembre en el presidente de México que llega con las más altas expectativas entre un sector de la población que ve en él la esperanza de frenar la desigualdad, la violencia y la corrupción, pero al mismo tiempo, es visto con escepticismo por la cúpula empresarial que desconfía de sus anuncios en materia económica y en su postura en contra de la política económica neoliberal, de la que en sus propias palabras, “ha sido un desastre y una calamidad para la vida pública del país”.

No son pocos los retos que el presidente López Obrador habrá de enfrentar, principalmente los que se refieren al tema de seguridad y violencia, en un país en donde fueron asesinadas 120,000 personas en el sexenio de su predecesor, Enrique Peña Nieto, además de reducir los índices de pobreza, que de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), son del 43.6% de la población.

Al asumir el cargo, el nuevo presidente de México -emanado de la izquierda-, pidió a los mexicanos que le tengan paciencia porque recibe un país en quiebra. También ponderó la prioridad que tendrán a quienes llamó los vulnerables y desposeídos (“primero los pobres”), además de destacar que será partidario del perdón y la indulgencia porque no le hace bien al país iniciar venganzas y persecuciones.

AMLO es, sin duda, el político mexicano que ha demostrado mayor perseverancia, al contender en tres ocasiones por la presidencia de la República y lograr de manera contundente el triunfo en julio pasado; su narrativa se ha centrado en mostrarse como un político honesto y austero, al grado de prometer entre otras, tres cosas:  no vivir en la Residencia Oficial de Los Pinos y abrirla al pueblo a partir del 1 de diciembre como un centro cultural; no usar el avión presidencial y la flota aérea porque considera que se trata de un lujo que ofende a los más pobres y a bajarse el sueldo, así como a todos los funcionarios de la administración federal. En su discurso en San Lázaro aseguró que percibirá sólo el 40% de lo que ganaba el presidente anterior, es decir 70 mil pesos mensuales aproximadamente (unos 3,470 dólares).

“Me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público”

Esta fue una de las frases que más llamó la atención de su discurso en la toma de protesta y quedará para el registro de la historia en espera de ver si cumple con ello.

Con el inicio de este gobierno, comienza también lo que AMLO ha llamado la cuarta transformación, de la que dijo “puede parecer pretencioso o exagerado, pero hoy no solo inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político”. AMLO es también el único presidente que ha gobernado sin haber entrado en funciones, realizando incluso consultas ciudadanas con temas importantes de la agenda política nacional como la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), cuyo resultado envió señales negativas a los mercados internacionales, e incluso hoy a un dia de haber tomado poseción se da el anuncio de que el Gobierno lanzará una oferta de recompensa de bonos del NAIM para continuar las obras, como resultado de la presión de los inversionistas.

López Obrador recibió fuertes críticas por la consulta del NAIM al carecer de las normas mínimas para la validez de un ejercicio de este tipo, organizado por su propio partido Morena y en en el que quedó demostrado que se podía votar las veces que se quisiera.

La consulta es solo un ejemplo de la agenda que marcó el actual presidente antes de entrar en funciones, dejando a un lado y opacando a Peña Nieto, dedicándose a dirigir los cambios requeridos para el inicio de su mandato, desde la Cámara de Diputados y Senadores, con mayoría de su partido.

En resumen, AMLO tiene un camino difícil para poder cumplir con las expectativas que ha generado ante un pueblo que ve en él la esperanza, un pueblo que no quiere más escádalos de corrupción de servidores públicos, violencia, desigualdad y falta de oportunidades.

Sin embargo, la pregunta es ¿cómo hará para cumplir con las políticas de desarrollo social principalmente? Entre sus anuncios dados a conocer ante el Pleno del Congreso, destaca la reducción del ISR al 20%, reducción del IVA en la frontera del 16 al 8%, no aumento a los impuestos, impulso en la atención a la salud y medicamentos gratuitos en las zonas más pobres, instaurar un programa de jóvenes para contratar a más de 2.5 millones de personas, duplicar la pensión para adultos mayores y volverla universal, el otorgamiento de 10 millones de becas para todos estudiantes de los niveles eduativos, así como la creación de 100 nuevas universidades.

De acuerdo al propio AMLO, todas esas acciones podrá realizarlas gracias a los ahorros que se obtengan del combate a la corrupción y con la aplicación de las medidas de austeridad, que refiere incrementará la inversión pública para rescatar la industria petrolera y la eléctrica.

El Presidente de Mexicanos contra la Corrupción y uno de los empresarios más prominentes de México, Claudio X. González se pronunció en contra de las posturas del presidente López Obrador  y dijo que “nos va a ir muy mal”, tal y como se lee en uno de sus tuits: “ En contra del libre mercado, en contra de la reforma energética y a favor de una visión retrógrada, estatista, intervencionista, anquilosada. Los mercados van a reaccionar a este maniqueísmo de manera negativa. Nos va a ir mal, muy mal. Lástima.

Por su parte, AMLO, dijo que está preparado para no fallar al pueblo, “no tengo derecho a fallar” y que a las tres cosas que necesita el país para enfrentar la crisis solo le falta un buen gobierno, que es precisamente a lo que se compromete, porque México tiene ya las otras dos que son un pueblo trabajador y riquezas naturales.

López Obrador arranca su sexenio con un nivel de credibilidad del 60.3%, de acuerdo a la encuesta nacional “Expectativas de Gobierno 2018-2024”, realizada por Consulta Mitofsky, pero dicha credibilidad no es suficiente para poder cumplir las acciones que ha planteado, además de que necesita enviar mensajes de conciliación en un país que se encuentra polarizado.

Si bien es cierto, que México ha padecido las consecuencias de gobiernos corruptos, que incurrieron en excesos y de un presidente saliente que no supo como poner freno a los índices de violencia, tampoco es alentador un nuevo mandatario que no tiene claro como va a poner en marcha su política económica, porque decir que con los ahorros del combate a la corrupción resulta confuso y demagogo, además de que deja en incertidumbre a los mercados internacionales y a los países con los que se tienen acuerdos comerciales.

México necesita certeza, conciliación y no solo mensajes que se centren en el discurso de que se tiene un gobierno austero, López Obrador está ante la oportunidad histórica de marcar la diferencia y que como el mismo dijo lleve a cabo una transformacion profunda que acabe con los problemas que han impedido el renacimiento de México.

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La elección de Bolsonaro y el cambio de ciclo regional

5bd64ba8e88aePor: Eduardo Nassin Castillo.- Jair Bolsonaro se convierte en el presidente más controvertido de Brasil. Con los resultados de primera vuelta, con más de 49 millones de votos y 17% de ventaja frente al candidato del Partido de los Trabajadores, el mundo empezó a considerarle una posibilidad real. Se trató de un varapalo histórico. Como aquellos a los que nos estamos habituando en este orbe compartido que llamamos tierra. La segunda vuelta, si bien dejó una brecha menor, fue igualmente lapidaria.

¿Qué nos ha traído hasta acá? Y ¿Cómo ha sido posible que Bolsonaro haya obtenido una victoria tan contundente? Son las preguntas que muchos se hacen, algunos atónitos, otros maravillados y todos narcotizados por esta nueva oleada de elecciones que marcan un cambio de signo mundial.

Cuando hablamos de cambio de ciclo económico nos referimos, específicamente, al auge de los precios en materias primas que permitió apalancar a gobiernos favorecedores de políticas de amplio gasto público. Así, tras 20 años de vacas flacas, los primeros lustros del nuevo milenio se definieron por una subida que multiplicó los precios de forma histórica en algunos rubros.

Casi 14 años estuvo el Partido de los Trabajadores gobernando en Brasil

Esta bonanza ocasional fue administrada como si se tratase de un ingreso garantizado. De esta manera, proliferó la irresponsabilidad fiscal, monetaria, social, política y, por qué no decirlo, hasta cultural. Brasil se convertía años antes en la Meca de la izquierda “altermundista”.

Casi 14 años estuvo el Partido de los Trabajadores gobernando en Brasil. Su abrupta salida sirvió de pretexto para vender dos ideas: 1) que Dilma Rousseff, sucesora de Lula, había sido derrocada por un Golpe de Estado perpetrado por las élites corruptas; y 2) que el pueblo brasileño estaba de parte de Dilma y el PT.

e-se-dilma-sofrer-o-impeachment-o-que-vem-depois-1Sin embargo, la salida de Rousseff se da en el marco de un descontento general. Millones de personas salieron a las calles a manifestar su decisión de romper con el pasado. En sus consignas se rechazaba el latrocinio institucionalizado que afectó a todos los partidos políticos y parte de la élite empresarial (especialmente la nueva élite que creció al amparo del “Estado petista”).

La corrupción fue invisible, por un tiempo. Un fenómeno que suele pasar, cuando hay dinero suficiente. Así, todo el mundo queda contento, siempre que haya suficiente para todos. Brasil no escapaba a ello, total, la economía crecía y escondía que Brasil se endeudaba más y más. En 2014 esto empieza a cambiar. El dinero empezaba a faltar, el crecimiento a retroceder, la deuda a crecer, y las inversiones a mostrar su verdadero y pobre potencial.

La corrupción se banalizó. No hablamos ya de las pequeñas “mordidas”, frecuentes en la región, a los oficiales de tránsito, ni de los perdones a pequeños infractores. Hablamos de que se hizo común saber de múltiples corruptelas multipartidistas. Ningún partido se salvaba. Era una epidemia nacional, pero con goteo internacional, como demostró todo el entramado Odebrecht.

El tercer clavo al ataúd del PT fue otro de los males endémicos hispanoamericanos: la inseguridad. Brasil es un país inseguro, desde lo jurídico hasta la elemental garantía de la integridad física de los ciudadanos. Los turistas en Río son advertidos de tener cuidado con sus billeteras, pero imaginen que la vida entera se pasara en intentos sucesivos de robo (y cosas peores). Si existe una posibilidad de que me roben, tengo que ser precavido. Se trata de una reacción natural.

No hay mucha ciencia en eso, a mayor amenaza, mayor necesidad de seguridad. Si el riesgo es perder mi billetera, puntualmente, con la frecuencia de alguna alineación planetaria, estaré más tranquilo. Pero si el desafío es cotidiano, viviré en un estado de alerta al dejar atrás la puerta de mi casa. Esto es lo que viven los ciudadanos. La agenda de la calle, nunca menospreciable, menos aún manipulable (como muchos analistas creen).

La inseguridad es un tema actual, pero es que nunca ha dejado de serlo. Si acaso, se ha incrementado. Brasil es ejemplo de cómo un país puede entrar en un caos, que desbordó las administraciones sucesivas del PT. Esta incapacidad ha redundado en el desprestigio de un partido, incapaz de construir un argumentario creíble de cara a la elección.

Así, se completan los 3 puntos esenciales del contexto de una elección que favorecía la aparición de un candidato con respuestas claras para problemas claros. Bolsonaro y no Haddad, representaba esto con mayor certeza. La pregunta que se hacían los millones de brasileños era si estaban dispuestos a darle una oportunidad al outsider, o apostar por una renovación del PT desde el poder. Tras el final de esa luna de miel política y económica, que tuvo el PT con el boom de las materias primas, se habían instalado dudas que Odebrecht confirmó.

Para Bolsonaro, la mesa estaba servida. Incluso, obtuvo muchísima publicidad gratuita por parte de medios de comunicación que le adversaban. Es un error estratégico que cometen medios rabiosamente contrarios a algunos candidatos. Los entornos polarizados disminuyen la capacidad de persuasión de los medios, por el contrario, incrementan los sesgos. Bolsonaro representa parte de esta nueva normalidad. Darle más exposición no le perjudicaba, todo lo contrario.

Captura de pantalla 2018-11-05 a las 17.06.58Así, más de 55 millones de brasileños, de todas las clases sociales, se sumaron a ese momento. Para tal cantidad y diferencia no puede aplicarse la lógica del victimismo y chantaje. Argüir que por Bolsonaro solo votaban los más favorecidos, es como decir que en Brasil existen 50 millones de personas con un nivel de vida alto, blancos, etc. A esa narrativa se apunta en algunos intelectuales adormecidos por el varapalo. Pero, cualquier lectura seria a los datos de nivel de vida en el país echa por tierra ese argumento. Comprender esto es el primer paso para despertar.

El discurso de victoria de Bolsonaro, envió señales claras de disposición a controlar algunos de los peores visos de su campaña. Por ahora, la hegemonía de la que gozó el PT parece haber llegado a su fin. Una ciudadanía empobrecida, insegura y resentida con sus élites políticas, vio en el polémico candidato la oportunidad de limpiar por fin con el estado del país. Eso es incuestionable.

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La encrucijada del elector brasileño: una flor en el asfalto

Por: Renato Luis Miranda.- El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, realizadas el pasado 7 de octubre, manifiesta el rechazo de la población a la clase política tradicional. En general, el imaginario popular brasileño viene marcado por cierto escepticismo político, cristalizado en frases como: “los políticos son todos iguales” o “los políticos son todos ladrones”.

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Izq. Bolsonaro – Der. Haddad

El descontento y la frustración de la población con la clase política ha llevado a la adhesión a discursos moralistas, de cuño conservador, capitaneados por el candidato Jair Bolsonaro, que obtuvo más del 46% de los votos válidos en la primera vuelta. Entre otros preceptos, el candidato defiende a la dictadura militar como camino para la “higienización” de la clase política del país. Para el asombro de la comunidad internacional, el discurso fascista del candidato no ahuyenta a los votantes.

Los ataques expresos ​del candidato contra las minorías sociales sólo parecen aumentar su legión de seguidores

Aunque Brasil es internacionalmente conocido por su diversidad étnica, cultural y religiosa, la actual disputa electoral revela el velo del conservadurismo existente en sus bases sociales. Muchos de los electores de Bolsonaro dicen no estar de acuerdo con la totalidad de sus ideas, pero aún así se adhieren al discurso de la militarización, exaltación de torturadores y apologías al uso de armas. Los ataques expresos ​del candidato contra las minorías sociales – homosexuales, mujeres y negros -, en cadena nacional de televisión, sólo parecen aumentar su legión de seguidores, convencidos de que es mejor renunciar a una democracia plena y plural en nombre de la “moralización” política y social del país.

El giro a la extrema derecha se hace evidente en la constatación de que la suma de los votos de los otros tres candidatos, colocados poco después de Bolsonaro, corresponden casi a su porcentaje del 46,03%. Fernando Haddad (PT) obtuvo cerca del 29,28%, Ciro Gomes (PDT), el 12,47% y Geraldo Alckmin (PSDB), el 4,76%. Las abstenciones superaron la marca del 20,33%.

El escepticismo político y el “antipetismo” en la delantera

El escepticismo político entre los brasileños se viene fortaleciendo bastante en los últimos años, especialmente tras la avalancha de denuncias de corrupción sobre el Partido de los Trabajadores (PT), culminando en la prisión de su líder, Luiz Inácio Lula da Silva. La legalidad de la prisión de Lula fue cuestionada por militantes del campo progresista y por los movimientos sociales del país, además del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que emitió un dictamen favorable a su candidatura, hasta la apreciación final del proceso.

La aversión al Partido de los Trabajadores parece dar la tónica de las elecciones de 2018.

A pesar de tales cuestionamientos, no se puede olvidar que el “antipetismo” viene siendo alimentado por la gran prensa nacional desde hace años, atribuyendo al PT gran parte de la corrupción instalada en la máquina pública y la responsabilidad por la grave crisis económica en que el país viene buceando desde 2014. La aversión al Partido de los Trabajadores parece dar la tónica de las elecciones de 2018.

En el otro lado, los opositores tradicionales de Lula, provenientes de partidos como el PSDB, el DEM y parte del MDB, también se encuentran involucrados en graves denuncias de corrupción. Se suma a eso el hecho de que el actual presidente, Michel Temer (MDB), que asumió tras articular el impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff (PT), llega al final del mandato con uno de los peores índices de aprobación de la historia democrática del país. Con las denuncias de corrupción y habiendo participado en el gobierno Temer, el PSDB sale debilitado de la disputa electoral, perdiendo el estatus de gran portavoz del antipetismo.

Bolsonaro

Jair Bolsonaro

En medio de esa atmósfera, el grito de insatisfacción de gran parte de la población se vuelca en la figura de Jair Bolsonaro, principal exponente del antipetismo. La repulsa no sólo a la clase política, sino a la propia noción de política como forma de organización social y democrática, asumen centralidad en el discurso del elector de extrema derecha. Acusado de no discutir o traer propuestas al país en el área económica, Jair señala su adhesión al liberalismo privatizante y meritocrático, además de su íntima colaboración con el segmento de las iglesias evangélicas, orientadas según la llamada teología de la prosperidad, basadas en el ascenso social por mérito y espíritu emprendedor, junto al conservadurismo en las costumbres.

Lula, la fragmentación del campo progresista y el voto “negativo”

Un año y medio antes de la carrera presidencial, conscientes de la creciente ola de conservadurismo y de los discursos fascistas difundidos alrededor del país, Ciro Gomes (PDT) y Fernando Haddad (PT) pasaron a reunirse en plenarias abiertas en las universidades públicas, con el fin de componer una alianza progresista para las elecciones presidenciales de 2018. Las ocasiones contaban con la presencia de políticos, ex ministros, intelectuales y miembros de la sociedad civil. Con los altos índices de rechazo al PT, la idea era apostar en la candidatura de Ciro, teniendo a Haddad como vicepresidente. La estrategia consistía en unir el campo progresista en torno a una propuesta renovadora, sin traer toda la carga del antipetismo a la disputa electoral.

Fernando Haddad

Fernando Haddad

Sin embargo, cerca del período de inscripción de las candidaturas, Lula, ya preso, no permitió la concreción de dicha alianza. El PT decidió lanzar candidatura propia, creyendo que la figura de Lula como “preso político” sería suficiente para lograr la presidencia para candidato del PT, Fernando Haddad. Pero una elección personalista del líder petista, tal como fue la de Dilma Rousseff, años atrás, para su sucesión en la presidencia, le costaría caro al país.

El PT abrió mano de una alianza con Ciro Gomes, tercero en la primera vuelta y, según las encuestas, el único candidato capaz de vencer tranquilamente a Jair Bolsonaro en la segunda vuelta. Esta carta de triunfo fragmentó el campo progresista, arriesgando la democracia brasileña. El tablero estratégico trazado previó empujar al elector a la encrucijada del voto “negativo”, llevando a la segunda vuelta, por un lado, los votos del antipetismo y del otro, los del antifascismo, en un duelo donde el diálogo y la discusión de proyectos para el país se quedan en segundo plano.

El voto “negativo” dio el tono a la carrera electoral

Al subestimar el antipetismo, no se podía imaginar que el candidato del PSL, Jair Bolsonaro, sería víctima de un atentado con cuchillo, unos 30 días antes de la elección. Si, por un lado, se buscaba la construcción de la imagen de Lula como figura mesiánica y salvadora, perseguido por sus opositores, en términos cristianos el atentado con el cuchillo sufrido por Jair Bolsonaro también conferiría tales atributos al candidato de extrema derecha. Al quedarse más de 20 días ingresado en el hospital, sin participar en los debates, Jair vio su desempeño disparar en las encuestas, manteniendo la estrategia de no dialogar.

Más que nunca, el voto “negativo” dio el tono a la carrera electoral de ahora adelante. Los dos candidatos con mayor índice de rechazo disputarán una segunda vuelta en la que algunos electores están dispuestos a olvidar los errores cometidos por el PT en su pasado reciente y otros están dispuestos a renunciar a la propia democracia, duramente conquistada por los brasileños en la década de 1980, sacrificando valores humanos que tan caro le han costado a la civilización occidental.

Los ánimos del mercado y la democracia en riesgo

Como se sabe, los mercados aguardan ansiosos la definición del escenario político brasileño, a fin de alinear sus expectativas de inversión al tono del próximo gobierno.

El resultado de la primera vuelta fue recibido con euforia por el mercado financiero, con la Ibovespa operando en fuerte alza, el día después de la elección. La promesa liberal no intervencionista del candidato Jair Bolsonaro no fue el único motivo para tal euforia. El buen resultado de la elección legislativa de los candidatos del PSL y de otros partidos que apoyan a Bolsonaro, en la Cámara y en el Senado, señalan la gobernabilidad de una eventual administración militar, algo que agradó al mercado financiero, pues se espera la aprobación de reformas económicas que privilegien aún más a este sector. Sin embargo, los analistas afirman que no será fácil una posible aprobación de las reformas liberales previstas por Paulo Guedes, economista de Bolsonaro. Periodistas y parte de la población esperan del candidato propuestas más consistentes en el campo económico.

Como si no bastara el alto índice de concentración bancaria presente en Brasil, sometiendo la población al pago de intereses altísimos y dificultando la capacidad de inversión del empresariado, las aspiraciones liberales apuntan una vez más a la penalización del capital productivo, generador de empleos y desarrollo, en favor del capital rentista.

El candidato Fernando Haddad, por su parte, ha reforzado el discurso de que hay que distribuir renta para que la economía vuelva a funcionar. En Brasil, cerca del 60% del PIB viene del consumo de las familias. Por esa perspectiva, la distribución de la renta sería el camino para la recuperación del consumo y, por consiguiente, de la reactivación de un ciclo económico virtuoso.

Los riesgos de sobrevenir al llamado “tercer turno” es una realidad, como ocurrió en el gobierno de Dilma

Pero las preocupaciones no se resumen a las posturas más o menos intervencionistas de cada uno de los candidatos. Los riesgos de sobrevenir al llamado “tercer turno” es una realidad, como ocurrió en el gobierno de Dilma. El “tercer turno” generalmente consiste en la correlación de fuerzas en la disputa por el control de las principales palancas del área económica del país, el Ministerio de Hacienda y el Banco Central. Así, sea quien sea el ganador de la elección, tendrá dificultades para administrar la necesidad de reformas, incluida la de la previsión social, además de lidiar con una deuda pública que saltó a más del 75% del PIB durante el gobierno de Temer, un índice bastante preocupante para países en desarrollo. Vale recordar que las políticas liberales de ese gobierno prometían justamente la reducción del endeudamiento público, probando una vez más la ineficacia del remedio amargo neoliberal y sus ajustes.

585100_1En un escenario donde el rechazo a la clase política se confunde erróneamente con la aversión a valores sociopolíticos, el mercado encuentra terreno fértil para la apropiarse de intereses supuestamente “colectivos”. La conducción de las reformas que están por venir tiende, cada vez más, a justificar la inhumanidad de los ajustes propuestos y ocultar su irracionalidad técnica. Todo eso en nombre de la “competitividad” homogeneizadora, elevada a la condición de principio orientador último de la sociedad brasileña, en el momento actual. Se arriesgan así las bases de la propia democracia arrastrando al elector brasileño hacia uno de los mayores dilemas de su historia. Por un lado, el discurso del fundamentalista busca amalgamar los lenguajes liberal, fascista y conservador en un único grito de insatisfacción, del otro, la diversidad, la libertad y la propia humanidad del pueblo brasileño resiste como la flor en el asfalto del poeta Drummond, perforando “el tedio, el asco y el odio”.

Renato Luis Pinto Miranda es Profesor Adjunto III de la Universidad Federal de Alagoas – UFAL, Brasil. Doctor en Administración por la Universidad Federal de Bahía – UFBA, con estancia doctoral en la Universidad Compluentese de Madrid – UCM.  Actúa en las áreas de Administración Pública, Planificación, Estado, Federalismo, Finanzas Públicas y Derecho Público. Desarrolla proyectos de extensión junto a los municipios del agreste alagoano, orientados a la capacitación de gestores públicos. Actualmente, viene investigando la actuación de los Bancos de Desarrollo en las Asociaciones Público-Privadas de América Latina.

Carlos Alvarado

Costa Rica dijo NO al pastor

De nuevo, se equivocaron las encuestas que vaticinaban una lucha electoral muy ajustada y, en todo caso, un poco más favorable Fabricio Alvarado, el pastor evangélico que había ganado la primera vuelta.

El primer informe del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) resultó contundente: 60,8% para el oficialismo y 39,2% para la oposición. Y otro dato inesperado fue la participación, registrada en un 67%, casi 2 puntos por encima de la participación de la primera vuelta, el pasado 4 de febrero.

De esta manera acaba una contienda electoral incierta y cambiante que dejó fuera del panorama político a los dos partidos históricos, abriendo paso a la “nueva política” que no es otra cosa que una nueva manera de conectar con los ciudadanos. Pero ¿se puede hablar de nueva cuando el candidato ganador es el del partido oficialista?

El nuevo Presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, representa una visión que trasciende las fronteras entre partidos políticos, pero sin salirse del camino tradicional de este país reconocido por su democracia y su sistema de bienestar.

Los retos

En términos económicos, el nuevo presidente tiene la tarea de atender los problemas de pobreza, desempleo y déficit fiscal que presenta el país. En términos políticos, no solo debemos tener en cuenta el debilitamiento de los partidos, sino también el poder de convocatoria de las fuerzas de origen evangélico y por lo tanto, el nuevo presidente tiene el deber de gobernar también para ellos. El discurso en defensa de los “valores cristianos” había ganado la primera vuelta y copó la discusión electoral en torno al temor de la comunidad LGBTI y la inquietud por la imagen del país en temas de DDHH. No le bastó presentarse como un hombre salido de la clase popular y “con las manos limpias” ante la corrupción.

Ante este tema álgido, la población costarricense se vio dividida fuertemente en un ámbito humano y doloroso. Los valores y las creencias son un punto delicado al hablar de mensajes y discurso político. Una campaña electoral que deja polarización y quiebre social, no es una buena campaña, independientemente de los resultados.

Estaremos atentos a los pasos de Carlos Alvarado, quien asumirá la presidencia el próximo 8 de mayo.

 

 

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#EleccionesPortugal Otro triunfo sin mayoría

La centro-derecha gana las elecciones, pero la Asamblea de la República será gobernada por la centro-izquierda.

Lorena Arraiz Rodríguez.- La alianza conservadora del primer ministro Pedro Passos Coelho, Portugal à Frente (PàF), ganó las elecciones en Portugal con el 41%, de acuerdo con el recuento del 90% de los sufragios, aunque no logró la mayoría absoluta.

Los ciudadanos del mundo están enviando un claro mensaje a sus gobernantes: Nada de radicalismos. Muy pocas formaciones políticas y partidistas están alcanzando la mayoría absoluta y si la alcanzan, no tienen mayoría en votos. Eso no es un fenómeno aislado de las municipales y autonómicas españolas, ni de las catalanas, ni de las portuguesas (por nombrar los tres ejemplos más recientes), sino que se trata de una visión global de los ciudadanos que se han comprometido con su propio futuro personal y colectivo. Pero hace falta ahora que los gobernantes lean el mensaje al derecho y no al revés.

La falta de una mayoría absoluta del gobierno portugués podría dar paso a un periodo de inestabilidad política que devengaría, por supuesto, en inestabilidad económica que fácilmente podría activar las alarmas de la sociedad y de los inversionistas, al recordar que en 2011, Portugal necesitó un rescate financiero de 78.000 millones de euros (87.000 millones de dólares) debido a la crisis de deuda en la eurozona. En aquel momento, el gobierno acató el plan de austeridad que encabezó Alemania para restaurar la salud financiera de la Unión Europea: redujo salarios, pensiones y servicios públicos al tiempo que aumentó los impuestos, medidas que provocaron huelgas y grandes movilizaciones de calle, eventos que los socialistas pensaron capitalizar, pero no capitalizaron: El Partido Socialista (PS) del líder opositor António Costa obtuvo el 32% de los votos.  Quienes obtuvieron mejores números de los esperados, fueron la CDU (una alianza de comunistas y verdes) y el Bloque de Izquierdas (BE, por sus siglas en portugués). Pero OJO, los socialistas y también los otros dos partidos de izquierda indicaron que no apoyarán a un gobierno conservador de minoría. ¿Quién entonces va a gobernar Portugal?

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Los pactos lusos

La portavoz del marxista BE, Catarina Martins, dejó caer la posibilidad de un eventual diálogo con los socialistas para impedir un Gobierno de la derecha en minoría en Portugal. “Si la coalición de derecha no tiene mayoría, no será por el BE que conseguirá formar Gobierno”, señaló en la sede del partido en Lisboa.  Martins adelantó que, si el Presidente de la República encarga a la derecha que forme Gobierno en minoría, el BE rechazará esa posibilidad en el Parlamento.

La eurodiputada socialista Ana Gomes, afirmó que “más que una victoria de los conservadores se trata de una derrota del Partido Socialista”. Durante la campaña electoral, el candidato del PS, Antonio Costa, ex alcalde de Lisboa, pidió insistentemente a los portugueses que confiasen en la “alternativa socialista” frente la «política de austeridad de Passos Coelho». Pero no parecen haber confiado mucho, sino más bien todo apunta a que los portugueses han preferido hacer caso a lo que tanto se dijo en la campaña: “Más vale pájaro en mano, que ciento volando”.

Para la veterana socialista Helena Roseta, no es un fracaso personal, sino de “toda la izquierda” porque según ella “no han sabido sentarse a la misma mesa para dialogar“. Lo contrario a lo que hicieron Socialdemócratas y Democristianos, que optaron por presentarse en coalición precisamente para transmitir a los portugueses la idea de “unión y de estabilidad política”.

Primer país en aplaudir a la Troika

Passos Coelho se convierte así en el primer mandatario reelegido tras aplicar las recetas de la Troika con una dureza que han sido consideradas castigo para los ciudadanos. En cuatro años, los portugueses han sufrido un retroceso en su calidad de vida de una década. Ha aumentado el desempleo, más de 500.000 portugueses han tenido que emigrar, la tasa de pobreza ronda el 25% y más de un millón de portugueses vive con el sueldo mínimo de 505 euros.

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Grecia apuesta por la continuidad


María Isabel García.-
El pueblo griego volvió el domingo por tercera vez en lo que va de año a las urnas para elegir presidente. El elegido, pese a que las encuestas señalaban su pérdida de popularidad, fue Tsipras. Los helenos decidieron depositar nuevamente su confianza en el líder del ya fragmentado partido de Syriza. No obstante, su formación recibió un 35,5 por ciento de los votos, un punto menos que en las anteriores elecciones generales celebradas el pasado mes de enero.

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El recién ratificado presidente de Grecia, Alexis Tsipras y el líder español de PODEMOS, Pablo Iglesias, quien le acompañó en la campaña.

La imagen de político honrado, alejado de los partidos corruptos del pasado le ha proporcionado a Tsipras conseguir un amplio respaldo que puede que le permita terminar su mandato sin tener que volver a convocar unas elecciones. Sin embargo, no alcanza la mayoría absoluta en el parlamento y ya ha anunciado que formará un gobierno de coalición con Griegos Independientes para poder gobernar. Y es que no hay tiempo que perder, el deber ya ha llamado a la puerta del joven Alexis que, a partir del próximo mes, deberá implementar otra batería de medidas de austeridad impulsadas por la troika.

Además, el domingo también se notó el hartazgo de los ciudadanos ya que en esta ocasión se anotó la participación más baja de la historia de Grecia, solamente un 51,75 por ciento de la población acudió a los comicios. Aunque más preocupante es el ascenso de los ultras de Amanecer Dorado que ya son el tercer partido griego y la opción más votada entre los jóvenes. Habrá que seguirlos de cerca y más aún ahora con la oleada de refugiados que llega a las costas de Grecia. Pero de momento, el poder se queda en las manos de Tsipras.

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La incertidumbre catalana del #27S

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Lorena Arraiz Rodríguez.- En una semana el hilo de gasolina independentista habrá llegado ya al fósforo encendido de las urnas y la incertidumbre sobre la Cataluña independiente o española habrá explotado cambiando entonces de rumbo. Como diría Benedetti: “Cuando pensamos que teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas”.

Junts pel Sí, la coalición que se las está jugando todas por una Cataluña fuera de España, un Barça fuera de la liga y una moneda distinta al euro, está muy cerca de lograr su cometido. Muy cerca. A un diputado de distancia, de hecho. Dicen las encuestas que la candidatura Junts pel Sí, que agrupa a Convergència y a ERC, conseguiría entre 66 y 67 escaños y la mayoría absoluta son 68. Si quieren alcanzarla, necesitarán a la CUP, que puede lograr entre 10 y 11 diputados. Ciudadanos, mientras tanto, encabezaría el frente antiindependentista con 19 escaños (datos de Metroscopia).

En la encrucijada electoral, solo una cosa está clara: las formaciones independentistas están más delimitadas, mientras los partidos que no están a favor de esa independencia están más fragmentados y esto puede beneficiar mucho más a Artus Mas y su revuelta antiespañola, que al 60% de catalanes que no quieren separarse de España.

En todo caso, el gran ganador político va a ser la formación naranja de Albert Rivera, que doblaría sus resultados de 2012 al pasar de 9 a 19 escaños. El Partit dels Socialistes (PSC) se mantendría como tercer grupo parlamentario aunque con menos escaños de los que tiene ahora (solo 14 de 20) y  empatado con la marca de Podemos en confluencia con ICV, Catalunya Sí que es Pot; mientras el Partido Popular va en picada y en beneficio de Ciudadanos. La candidatura que encabeza Xavier García Albiol puede perder 9 de los 19 escaños que logró en 2012 y quedarse, con 10 escaños, como última fuerza del nuevo Parlamento. La única opción de no quedar último es que Unió, la escisión de CiU, gane algún escaño, pero el sondeo más reciente de Metroscopia le otorga entre cero y dos diputados.

Pero no nos equivoquemos. Aunque Junts pel Sí y la CUP ganaran mayoría absoluta en escaños, tendrían que ganar también mayoría absoluta en votos para legitimar el proceso independentista.

 

 

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Miguel Moll De Giulio.- El próximo día 6 de diciembre de 2015 se llevarán a cabo las elecciones legislativas al unicameral parlamento de Venezuela, donde se renovarán sus 167 escaños; de confirmarse el rechazo que hoy mantiene en las encuestas, el partido político gobernante (PSUV) y el chavismo enfrentará su primera y probablemente sísmica derrota en las urnas, a manos de la oposición venezolana.

Sin embargo, 107 días antes, el pasado 19 de agosto, el gobierno de Nicolás Maduro decretó el estado de excepción y ha deportado más de 1 millar de ciudadanos colombianos en el paso fronterizo más “caliente” de los 2.219 km que delimitan la frontera entre Colombia y Venezuela, el puente internacional que cruza el río Táchira,  y que puede superar las 20 mil personas retornadas de acuerdo a la UNHCR en Colombia. El casus bellis fue el asesinato de tres oficiales de la fuerza armada venezolana a mano de un pareja de motorizados que presumen puedan pertenecer a bandas paramilitares colombianas.

El decreto presidencial inicialmente se limitó a seis municipios del estado de Táchira (Ureña, Junín, Urdaneta, Lobatera, García Hedia y Ayacucho), y de forma reciente se le agregaron cuatro municipios del estado de Zulia (Indígena, Mara, Almirante Padilla y Guajira); es decir, el estado de excepción rige para los pasos fronterizos de San Antonio del Táchira – Cúcuta y de Maicao – Paraguachón, pasos fronterizos donde se intercambia cerca del 70% del comercio bilateral, y donde habitan más de un millón de ciudadanos de ambos países.

Estado de excepción que vigente por 60 días puede ser prorrogado por idéntico lapso, lo que permitiría estar activo hasta el día 19 de diciembre de 2015, justo después de la celebración de las elecciones legislativas de Venezuela (6 de diciembre) y de las elecciones regionales en Colombia (25 de octubre).

Sí se confirman los pronósticos electorales que concuerdan en una clara ventaja para la oposición en Venezuela, el chavismo–madurismo no tiene mayores opciones en dichos estados. Sin embargo, si nos atenemos a los resultados de las elecciones municipales en Venezuela (Diciembre, 2013), se puede afirmar que la estrategia del gobernante PSUV es reducir la participación del electorado opositor vía el miedo o la coerción: mientras menos participación haya en los comicios mayor probabilidad tiene el chavismo en hacerse ganador. De allí que la excepcionalidad venga precedida por la necesidad para el gobierno de Nicolás Maduro de crear un estado de opinión pública tendiente a respaldar la tesis de guerra económica, contrabando y paramilitarismo como causante de la crisis en Venezuela.

Por su parte, del lado colombiano, el venidero 25 de octubre se realizarán las elecciones regionales donde se renovarán tanto gobernadores de Departamento como los regidores de los municipios. La respuesta inicialmente del gobierno de Juan Manuel Santos – apelando al diálogo y la diplomacia – y posteriormente, girando a una respuesta más firme a las acciones de Venezuela en contra de los ciudadanos colombianos, parece una lectura electoral de la realidad fronteriza.

Tanto el gobernador del Norte de Santander, como el Alcalde de la ciudad de Cúcuta, son parte de los independientes o partidos minoritarios (Partido Verde), pero cuyo caudal de votos luce crucial en venideros procesos comiciales como el potencial referéndum por la Paz en la que Juan Manuel Santos se juega su capital político.

Tanto Caracas como Bogotá, que no comprenden las realidades fácticas de sus fronteras, aunque sí entienden de la matemática electoral que les aporta, han ido calibrando la pequeña pero intensa “guerra de micrófonos” que han desplegado desde la acción tomada por Nicolás Maduro el pasado agosto. Un problema fronterizo cuya internacionalización se hace compleja y que está pensado para dar respuesta en función de la estrategia electoral que cada país fragua en su ecosistema político.

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El despropósito del Grexit

María Isabel García, Madrid.- La población griega se enfrenta hoy a una dura decisión de cuya respuesta dependerá, no solo el futuro de su país, sino el de la Unión Europea y el del mercado internacional, tal y como ha dejado patente un preocupado Barack Obama. No obstante, y a diferencia de lo que los principales dirigentes europeos quieren hacernos creer, con el único objetivo de cundir el pánico, Grecia no responderá en el referéndum convocado por Tsipras, si quiere abandonar el euro. Grecia responderá si acepta el chantaje impuesto por las instituciones el pasado 25 de junio en el Eurogrupo.

Ese ultimátum de la Troika, con “o lo tomas o lo dejas” ha levantado ampollas y ha puesto en entredicho los principios democráticos en los que se asienta la Unión Europea. Y es que, hasta ahora, los Gobiernos se han sometido a los dictámenes de austeridad impuestos por los acreedores sin mostrar ningún tipo de insubordinación, pero la economía helena, que está después de cinco años de austeridad peor que nunca ha puesto de manifiesto lo erradas que fueron las medidas.

El pueblo griego debe tener al menos la posibilidad de decidir si sigue condenando su futuro a una dosis mayor de austeridad. Hoy Grecia puede poner fin a estos años de depresión, devolver a Tsipras a la mesa de negociación con ese respaldo de la población y demostrarnos que otra Europa es posible, aunque solo sea por salvar el futuro del euro y no dejarle acercar posturas con Rusia y China, el esfuerzo valdrá la pena.

Sánchez y la bandera

A vueltas con la bandera

Sánchez y la bandera

María Isabel García, Madrid.- El pasado domingo, y después de muchos envites dentro de su propio partido, Pedro Sánchez se erigía como candidato del PSOE de cara a las próximas elecciones generales. El acto no pasaba desapercibido debido a la escenografía de la que el líder socialista se rodeó y que tanto se ha comparado con EE.UU: una gran bandera española. Acción que ha suscitado críticas y ha abierto un amplio debate, impensable en otros países europeos, sobre el uso de los símbolos nacionales, signo inequívoco de que España es un fracaso como nación.

El movimiento, no obstante, ha dejado tanto a PP como a Podemos perplejos. Al primero, porque le ha robado la bandera, tan injustamente asociada a la derecha, y a los segundos porque los ha situado en la extrema izquierda, asociación de la que tanto intenta huir el líder socialista. Sánchez se ha colocado con este golpe de efecto en el centro, si es que eso de verdad existe, y ha dejado sin argumentos al cada vez más desgastado Rajoy que no paraba de acusarle de radical por los pactos a los que ha llegado con Podemos.

De momento, la última encuesta electoral sitúa al PSOE como segunda fuerza política y muy cerca de sobrepasar al PP. Puede que por este motivo, los barones populares estén azuzando a su líder para que adelante las generales, no siendo que al final sea Sánchez el que les arrebate el primer puesto al situarse en el tan preciado centro al que todos ahora parecen virar.