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Las democracias latinas ¿Crisis de los cuarenta?

Por: Cristabel Cartaya Ovalles.- Las democracias latinoamericanas llegaron a la madurez, o al menos a los 40. Hace cuatro décadas que la región inició la tercera ola de democratización, viviendo todos sus países un proceso de cambios que los llevó a todos a una democracia representativa.

Las fuerzas políticas de la región tuvieron, en la década de los setenta, el desafío de restaurar la libertades políticas y civiles en sus sociedades, así como también comprometerse a superar los altos índices de pobreza y desigualdad que han caracterizado por siglos a nuestro continente.

Pensar en el estado de las democracias de hoy e inferir los cambios futuros, debe pasar necesariamente por realizar un balance de estos cuarenta años de vida democrática latinoamericana. Haciendo este ejercicio, la región ha tenido subidas y bajadas en sus procesos de consolidación democrática al igual que en el crecimiento económico y la equidad social. Durante este período, se realizaron esfuerzos exitosos en la consolidación de las instituciones, en la separación de poderes, con especial énfasis en el poder judicial, en la celebración de elecciones, lográndose en la mayoría de los casos, traspasos de poder de forma pacífica y normada,  incluso vivimos una era de reformas constitucionales, como el caso de Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela con el animo de abrir espacios de diálogo político a través de nuevas herramientas participativas.

Desde el punto de vista económico, los avances fueron notables. Muchos de nuestros países son de renta media o de renta media alta.  La ola de democratización inició con la década mas complicada para la región, la década perdida, y sin embargo logró superarlo creciendo un 3.12% en promedio anual y reduciendo los índices de pobreza a mínimos históricos, llegando en el 2012 a 20 puntos menos porcentuales que la década de los noventa.

En los últimos 40 años América latina ha asestado algunos triunfos

Captura de pantalla 2019-01-21 a las 17.16.25En los últimos 40 años América latina ha asestado algunos triunfos, pero estos avances no tienen contentos a los ciudadanos.  El latinobarómetro de 2018 nos alerta que hoy existe insatisfacción casi generalizada con el funcionamiento de las democracias: 7 de cada 10 latinoamericanos siente que no funcionan y sólo 2 de cada diez esta satisfecho. Como nunca antes, la región cuenta con tantos años en democracia y con tantos beneficiarios decepcionados de dicha experiencia.

Este sentimiento de descontento puede encontrar asidero en algunos fenómenos que están ocurriendo tanto en la región como a nivel mundial:  La falta de oportunidades económicas, acentuada en los últimos años que sufren de forma particular las mujeres y los jóvenes; sumado a la emergencia de nuevos problemas y a la complejidad de problemas de siempre, está demostrando que el aparataje de nuestros sistemas políticos está desfasado para atender las nuevas demandas.

De igual manera, el hartazgo social que han producido los casos de corrupción que han protagonizando numerosos países en estas cuatro décadas, ha propiciado el rechazo social hacia la élite política, y la política en general, y ha dado paso a líderes outsiders, o presentados como tal, que con la promesa del cambio y lo nuevo, han resucitado en a región los lideres personalistas y muy poco institucionales.

Este conjuro malicioso entre la corrupción, falta de resultados, ceguera política y estancamiento económico, está amenazando la calidad democrática en la región. Según el índice democrático que elabora la división de inteligencia del semanario británico The Economist, Uruguay es considerada una democracia madura en la región; 10 países latinoamericanos están categorizados como democracias con fallas; Guatemala, Nicaragua, Bolivia y Paraguay son considerados regímenes híbridos y finalmente, Venezuela y Cuba son considerados países autoritarios.

Si ampliamos la mirada al estado de la democracia a nivel mundial, no vemos un panorama muy diferente. Países de África, Asia, Europa y los EEUU sufren una pérdida de la calidad de la democracia. La división de poderes, la participación ciudadana y la garantía de derechos se están viendo seriamente erosionandas en muchos de los países del mundo. Por su parte, la desacreditación de los partidos, la polarización y la manipulación de la opinión pública en tiempos electorales, está manchando la libre competencia política.

De manera que, el aniversario con la tercera ola de democratización coincide con una época de grandes desafíos para las democracias y eso se vio reflejado en el año que acaba de terminar. En el 2018 se celebraron en América Latina seis elecciones presidenciales: Costa Rica, Paraguay, Venezuela, Colombia, México y Brasil. 

En la mayoría de ellas contamos con sorpresas. En Costa Rica se desplazaron a tercer y cuarto lugar los partidos tradicionales, llegando a segunda vuelta un partido de corte religioso pentecostal protestante y un partido que tenía un escandalo reciente de corrupción. En Paraguay y Colombia resultaron vencedores las opciones del espectro mas conservador, aunque las otras fuerzas políticas obtuvieron un importante peso político en el poder legislativo, obligando a estos nuevos presidentes a echar mano de sus habilidades de negociación y diálogo en aras de propiciar la gobernabilidad.

Por su parte México y Brasil nos dieron elecciones profundamente polarizadas, con altas dosis de manipulación mediática y candidatos que lejos de buscar la cohesión social propiciaron la rencilla como estrategia política, dichas elecciones colocaron en el poder, aunque de signos ideológicos distintos a perfiles algo similares: presidentes personalistas y con cierto desprecio a las instituciones.

Aunque no hubo elecciones de por medio, también es necesario hablar de dos cambios de gobierno en América Latina. Primero en Cuba, donde fuimos testigos de este momento histórico donde lidera en la isla una persona que no se apellide Castro y que trajo consigo un debate de la norma institucional durante todo el 2018, que será debatida el febrero de este año y que se espera que produzca aperturas de índole económica y social.

FOT: Alnavio

PPK.- FOTO: Alnavio

Por otro lado, en Perú el caso mas emblemático de corrupción en América Latina, como es el caso Lava Jato, produjo su segunda destitución presidencial (la primera fue Dilma Rousseff), ya que Pedro Pablo Kuczynski, al ser acusado de estar involucrado en el caso de coimas cuando era Ministro de Economía, el Congreso inició un proceso de vacancia presidencial, que conllevó a su renuncia, dejándole el cargo a Martin Vizcarra que era el vicepresidente, y embajador en Canadá. La corrupción ha tenido especial impacto en este país. Durante este año, se ha abierto investigación por el caso Odebretch al presidente en funciones, está en curso la investigación a un expresidente (Alan García), estuvo en prisión preventiva otro expresidente y su esposa (Ollanta Humala y Nadine Heredia) y se detuvo a tres empresarios involucrados. Otro escándalo de igual magnitud que Lava Jato fue “el caso de los audios” que reveló -gracias a intercepciones telefónicas una red de tráfico de influencias que conllevó a la renuncia presidente de la Corte Suprema del Perú, el presidente del Poder Judicial, miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y el Ministro de Justicia. Asimismo, se dio la detención de un juez y, hasta el momento de escribir esta artículo, se espera la extradición desde España del presidente del CNM.  Por último, se encuentra detenida también la lideresa del partido de oposición, Keiko Fujimori por lavado de activos en su campaña presidencial.

Migrantes venezolanos en la frontera con Colombia FOTO: El País.

Migrantes venezolanos en la frontera con Colombia FOTO: El País.

Otro tema que ha impactado a toda la región, son las olas migratorias. Por un lado, esta América del Sur recibiendo a millones de venezolanos, muchos de ellos a pie y por caminos irregulares, huyendo del régimen chavista implicando grandes desafíos para los países que los reciben, con particular atención Colombia, Ecuador y Perú. Por otro lado, desde Centro América (mayoritariamente de Honduras) y con rumbo a América del Norte, nos encontramos a la caravana migrante, unas 10 mil personas huyendo de la pobreza de sus países en búsqueda que se encuentran ahora mismo en Tijuana (México) esperando cruzar el muro para cumplir su sueño americano.

Por último, Venezuela ha sido la preocupación del año pasado, del ante pasado y de este que comienza su curso, tras la muerte de muchas vidas en las represiones, la elección de la asamblea nacional constituyente, y el fracaso de la estrategia política frente a les elecciones regionales. Durante el 2018, el gobierno convocó elecciones presidenciales y un grupo de la oposición decidió acudir a los comicios liderado por Henry Falcón, mientras que otro sector decidió abstenerse. Tras los comicios -en los que resultó electo Nicolás Maduro en medio de numerosas denuncias- el candidato Henry Falcón anunció irregularidades en las elecciones y se negó a aceptar el triunfo y varios países, entre ellos Argentina, Australia, Canadá, Chile, Estados Unidos y México acordaron también desconocerlo.

Saber qué pasará con el país llanero y con los otros países de la región en los próximos meses es imposible

Estamos en una era que en cualquier cosa puede pasar, pero podemos señalar algunas variables que van a definir muchas de los escenarios venideros:

Primero, hay que resaltar que una parte creciente de los ciudadanos está dispuesto a sacrificar trozos de democracia a cambio de mejores resultados. La antipolitica esta contagiando al mundo entero, esto requiere atención y fundamentalmente acciones por parte de la ciudadanía, las élites políticas y los Estados nacionales.

Segundo, la avanzada de nacionalismos en la Unión Europea y EEUU puede hacer que veamos una ralentización de los esfuerzos por la democracia y la defensa de los Derechos Humanos en otras partes del mundo, obligando a América Latina a gestionar las crisis políticas de la región por su cuenta. Esto requiere especial en el caso venezolano, donde un sector político encuentra esperanza en la intermediación de terceros actores como mediadores del conflicto.

Tercero, las relaciones de EEUU con China y una posible escalada de sanciones puede afectar la balanza comercial de nuestros países y por ende, estancar el crecimiento económico. Ello, aunado al desarrollo veloz de las tecnologías, coloca a América Latina en la urgente tarea de poner la innovación y la integración económica regional como parte de su agenda para poder sobrevivir a eventuales embates de la economía mundial.

Cuarto, no podemos ponderar a la democracia hoy sin mencionar el daño que les ha hecho la corrupción a nuestros sistemas políticos. Es probable que Lava Jato siga produciendo renuncias, investigaciones en personajes políticos latinoamericanos y afectando de forma importante los resultados electorales.  Sin duda, algunas de las elecciones a realizarse en El Salvador, Ecuador, Panamá, Guatemala, Argentina, Uruguay y Haití están cruzadas por este flagelo como issue de la campaña.

Mención aparte merece Bolivia, cuyo presidente Evo Morales, a pesar de haber perdido la reforma constitucional que permitía la reelección, fue avalado por el Tribual Supremo Electoral para volver a ser candidato a la próxima legislatura presidencial. Dada la importancia política, tanto nacional como regional, que tendrán estas elecciones, inferimos una campaña muy intensa y polarizada, con una fuerte movilización ciudadana.

Hemos entrado en una era de incertidumbre

Actualmente, no podemos creer lo que leemos ni lo que vemos. En la era de los fake news, trolles, granja de usuarios y deep fake, se ha corroído la confianza y la interdependencia. Este cambio debilita la calidad de la democracia, enloda  la opinión pública y entorpece la cohesión social, tan necesarias las tres para el progreso pacífico de nuestras sociedades.

Los desafíos que tiene la democracia latinoamericana son de importante magnitud a sus cuarenta años de vida, por eso es importante mantener y mejorar los logros que hemos alcanzado durante estos años y a la vez perfeccionar y re-encauzar aquello que tiene tan decepcionado a los ciudadanos. La región, en definitiva, debe tener como prioridad repensar sus instituciones, renovar el ejercicio político, crear nuevos espacios de participación y diálogo ciudadano, innovar en las gestiones de gobierno, adaptarse a la revolución tecnológica y rescatar, allí donde se ha perdido por completo, la democracia.

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¡Adiós, Mariano!

Jorge Vilchez Sandoval, Madrid.- Este martes se ha consumado el fin de la carrera de Mariano Rajoy, después de 40 años en la vida pública y 14 al mando del Partido Popular (PP). Rajoy deja un partido sin un liderazgo claro y con fracturas internas de gran calado. El proyecto de centro-derecha, de mayoría social construido por Aznar ya no existe. Ahora Ciudadanos disputa ese espacio con ideas más cercanas a las construidas con el actual PP.

Rajoy logró vaciar ideológicamente el partido después del Congreso de Valencia (2008) en el que reafirma su liderazgo y hace el partido a su imagen y semejanza, tanto en el vaciamiento ideológico como en el puro pragmatismo político. Actualmente, el PP no tiene ni liderazgo claro, ni contenido político-ideológico, ni objetivos históricos, ni aceptación de la centro-derecha. Lo que si tiene son casos de corrupción que han sido sistemáticos, que han lastrado al partido a niveles insospechados de descrédito entre la población española.

Los sucesores

Soraya Sáez de Santamaría, Ana Pastor, Alberto Núñez Feijóo y María Dolores de Cospedal – FOTO: Bernardo Díaz

Ahora se dibuja un panorama con cuatro líderes claros para dirigir el partido: Ana Pastor, Alberto Núñez Feijoó, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaría. La guerra interna será intensa y puede fracturar al partido mucho más de lo que está actualmente, ya que cada candidato tiene sus pros y contra según los intereses del partido.

Ana Pastor, la actual presidenta del Congreso, puede ser un rival duro para la izquierda y puede llegar a consensos, tiene su propia visión particular del feminismo que dista de la versión del PSOE o Podemos. Tiene en contra que su poco carisma, algo que le sobra al resto de líderes del arco parlamentario.

Alberto Núñez Feijoó, actual presidente de la Xunta de Galicia, es un hombre de la política gallega que nunca ha perdido una elección y que se ha hecho a sí mismo: no debe nada a la dirección de Génova. Esta es una pieza segura en lo que respecta a un ataque directo a Ciudadanos, ya que representa lo contrario a Rivera y puede ser capaz de articular una renovación desde fuera de Madrid. Lo malo que tiene es que pueda ser usada contra él la “máquina del fango” y sus supuestas relaciones con la “fariña”.

María Dolores de Cospedal, hasta ahora Ministra de Defensa, al igual que Núñez Feijoó, tiene la experiencia de tener una gestión en la Presidencia de CCAA. Tiene un ideario propio, es combativa tanto con Ciudadanos como con la izquierda. Sabe adaptarse a todas las situaciones y puede ser capaz de unir al partido por su pasado ligado a Aznar como su presente ligado a Rajoy.

Soraya Sáez de Santamaría, hasta ahora Vicepresidenta del Gobierno, tiene un aval a su favor que es tener el poder total durante la administración de Rajoy, controló servicios de inteligencia y la relación con los medios. Tiene experiencia en la gestión de gabinetes y el apoyo total de Rajoy. Tiene en contra que la derecha conservadora no está con ella y eso haría que esa derecha se desplace hacia Ciudadanos.

PPRajoy liderará la transición de su partido hasta el próximo congreso que se celebrará a mediados de julio, pero sea cual sea el candidato del PP, deben existir elementos de convergencia que pasan por tener un liderazgo sólido, un partido cohesionado y renovar la imagen pública del partido que está en mínimos históricos. El PP ahora está en tres ejes en los que debe moverse: 1) ¿su rival es Ciudadanos o la izquierda (PSOE-Podemos)?; 2) ¿será el verdadero líder de la oposición en lo que queda de legislatura o lo será Ciudadanos?; y 3) ¿qué tipo de renovación y de qué forma será la que tenga el PP: será un lavado de imagen, renovación o refundación? Y en medio de todo esto, resurge la figura del fundador del Partido Popular, José María Aznar, un claro rival de Rajoy durante todos estos años, diciendo que la centro derecha tiene que reconstruirse, a lo que Rajoy ha contestado que eso no es necesario. Comienza la pugna.

Lo importante es que el PP debe moverse en los conceptos precitados porque ya es tarde, el año que viene son las elecciones municipales y autonómicas y también las europeas y, si termina la legislatura Pedro Sánchez, en 2020 serán las generales. Así que no hay tiempo para irse por las ramas, sino para centrarse -nunca mejor dicho- en recuperar la credibilidad, en fortalecer la imagen de un partido tradicional y muy fuerte en España, como lo es el Partido Popular que necesita renovar su liderazgo pero también su estrategia.

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Corrupción y Gobernabilidad, ejes de la Cumbre de las Américas

image_content_9837680_20180414113049Cristabel Cartaya, Perú.- La Cumbre de las Américas ha representado en dos días, el estatus político de nuestro continente. Siendo la cumbre menos concurrida en su historia, revela el creciente desinterés de los Estados latinoamericanos por el acuerdo que le dio vida, el tratado de las Américas, y los crecientes problemas que aquejan a cada país hacen que se aleje la integración regional como prioridad.

Los temas a tratar en esta cumbre, como la corrupción y la gobernabilidad, se comunicaron más allá de los discursos presidenciales. En relación a la corrupción, el presidente anfitrión lleva tres semanas en el cargo tras una destitución presidencial por presuntos actos de corrupción y en medio del tsunami Odebrecht, fenómeno que ha tocado a todos los países de la región. En este sentido, las naciones asistentes se comprometieron a desarrollar instrumentos de colaboración internacional que permita subir los niveles de fiscalización y transparencia.

En términos de gobernabilidad, hemos sido testigos de las fallas del alcance de los estados ecuatoriano y colombiano en resolver los temas de narcotráfico en sus fronteras, teniendo como víctimas a tres trabajadores de la prensa del diario ecuatoriano El Comercio.

gric_1117-1Sin duda alguna, el mayor reto de gobernabilidad que tiene el continente americano, pudo revelarse en la mayor preocupación mostrada antes y durante la cumbre: Venezuela. Durante los días de la cumbre, las calles y espacios de Lima se abarrotaron de conversatorios, reuniones, marchas, fotos sobre la crisis venezolana y sus posibles soluciones. En este sentido, los países del continente suscribieron la solicitud al presidente Maduro de abrir un canal humanitario, y los países más críticos, por ejemplo Argentina, afirmaron que desconocerán cualquier resultado de la elección de Mayo.

Por último, la ausencia de Trump y los recientes ataques en Siria devela que el continente no es prioridad para EEUU.

En definitiva, creo que la cumbre ha demostrado que ella, los países que la conforman, los países que la presiden y la comunidad internacional que le da contexto, están ante numerosos desafíos que les obligara re-pensar, re-negociar y cooperar para susbistir.

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“¡Es la corrupción, estúpido!”

James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña que lo llevó a la presidencia en 1992, tal vez no tenía ni la menor idea de que su frase permanecería en el imaginario colectivo mundial, incluso más de lo que permaneció Clinton en la Casa Blanca.

En todo caso, no queremos hablar de Carville, ni de Clinton, ni de Estados Unidos, pero sí de otro país “potencia”: Brasil, que por tercera vez desde que Dilma Rousseff fue reelecta para un segundo mandato el pasado 26 de octubre de 2014, se ha visto repleto en sus calles de multitudes que piden la dimisión de la presidenta socialista por varios casos de corrupción en los que está -aparentemente- involucrada.

Corrupción y economía (Sí, Calville tenía razón) son los dos factores que presionan a diario a Rousseff. Y a Lula. Y al Partido de los Trabajadores (PT). Esto ha llevado a Dilma a ostentar un 8% de aprobación, según las últimas encuestas. Aún así, la mayoría de los brasileños quisiera que la Presidenta dimitiera, pero no están seguros de que el vicepresidente, Michel Temer, o la oposición liderada por el Senador Aécio Neves, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) puedan hacerlo mucho mejor. Queda entonces una única “esperanza” en la población: “Que intervenga el ejército”. ¿Qué le hace pensar a las sociedades políticamente frustradas y desesperanzadas que una salida militar puede ser la más beneficiosa? Es una duda razonable.

Miles de personas (hay quienes dicen que más del millón y medio) colmaron la gran Avenida Paulista de Sao Paulo, según información de Datafolha, mientras que otras miles se congregaron en distintas ciudades de los 26 estados brasileños, pidiendo al dimisión de Rousseff, la salida del Gobierno de su partido y la privatización de los organismos públicos como Petrobras, cuna del escándalo de corrupción más grave que ha vivido Brasil en los últimos años. Otro epicentro de la protesta era la defensa del joven juez federal Sergio Moro, quien con 42 años ha hecho frente estoicamente contra la corrupción en Petrobras, que salpica a Rousseff por haber sido  presidenta del Consejo de Administración de la petrolera cuando se iniciaron los desvíos que, aparentemente, funcionaron mediante el amaño de contratos públicos con sobornos pagados a empresarios y políticos.

Con una inflación acumulada del 9% asfixiando a los brasileños, el desempleo al alza y una leve recesión económica ya consolidada, Rousseff ha perdido a día de hoy el control de la agenda política al tener en su contra a un Congreso liderado por Eduardo Cunha, que considera culpable al Gobierno de que su nombre esté en la lista de los sospechosos de haber participado en el caso Petrobras.

“¡Es la corrupción, estúpido!” parece ser el mensaje que nos envían las sociedades actuales: Brasil, Venezuela, España, Argentina, son algunos de los países cuyos mandatarios se han visto recientemente involucrados en escándalos de corrupción. ¿Qué hacer al respecto? Más control a las instituciones, más funcionarios vigilados, más Open Government, más rendición de cuentas. Y más mano dura. Que los Gobernantes entiendan que son servidores públicos, que son empleados de los ciudadanos y no dueños de su destino, su dinero y su esperanza.