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La elección de Bolsonaro y el cambio de ciclo regional

5bd64ba8e88aePor: Eduardo Nassin Castillo.- Jair Bolsonaro se convierte en el presidente más controvertido de Brasil. Con los resultados de primera vuelta, con más de 49 millones de votos y 17% de ventaja frente al candidato del Partido de los Trabajadores, el mundo empezó a considerarle una posibilidad real. Se trató de un varapalo histórico. Como aquellos a los que nos estamos habituando en este orbe compartido que llamamos tierra. La segunda vuelta, si bien dejó una brecha menor, fue igualmente lapidaria.

¿Qué nos ha traído hasta acá? Y ¿Cómo ha sido posible que Bolsonaro haya obtenido una victoria tan contundente? Son las preguntas que muchos se hacen, algunos atónitos, otros maravillados y todos narcotizados por esta nueva oleada de elecciones que marcan un cambio de signo mundial.

Cuando hablamos de cambio de ciclo económico nos referimos, específicamente, al auge de los precios en materias primas que permitió apalancar a gobiernos favorecedores de políticas de amplio gasto público. Así, tras 20 años de vacas flacas, los primeros lustros del nuevo milenio se definieron por una subida que multiplicó los precios de forma histórica en algunos rubros.

Casi 14 años estuvo el Partido de los Trabajadores gobernando en Brasil

Esta bonanza ocasional fue administrada como si se tratase de un ingreso garantizado. De esta manera, proliferó la irresponsabilidad fiscal, monetaria, social, política y, por qué no decirlo, hasta cultural. Brasil se convertía años antes en la Meca de la izquierda “altermundista”.

Casi 14 años estuvo el Partido de los Trabajadores gobernando en Brasil. Su abrupta salida sirvió de pretexto para vender dos ideas: 1) que Dilma Rousseff, sucesora de Lula, había sido derrocada por un Golpe de Estado perpetrado por las élites corruptas; y 2) que el pueblo brasileño estaba de parte de Dilma y el PT.

e-se-dilma-sofrer-o-impeachment-o-que-vem-depois-1Sin embargo, la salida de Rousseff se da en el marco de un descontento general. Millones de personas salieron a las calles a manifestar su decisión de romper con el pasado. En sus consignas se rechazaba el latrocinio institucionalizado que afectó a todos los partidos políticos y parte de la élite empresarial (especialmente la nueva élite que creció al amparo del “Estado petista”).

La corrupción fue invisible, por un tiempo. Un fenómeno que suele pasar, cuando hay dinero suficiente. Así, todo el mundo queda contento, siempre que haya suficiente para todos. Brasil no escapaba a ello, total, la economía crecía y escondía que Brasil se endeudaba más y más. En 2014 esto empieza a cambiar. El dinero empezaba a faltar, el crecimiento a retroceder, la deuda a crecer, y las inversiones a mostrar su verdadero y pobre potencial.

La corrupción se banalizó. No hablamos ya de las pequeñas “mordidas”, frecuentes en la región, a los oficiales de tránsito, ni de los perdones a pequeños infractores. Hablamos de que se hizo común saber de múltiples corruptelas multipartidistas. Ningún partido se salvaba. Era una epidemia nacional, pero con goteo internacional, como demostró todo el entramado Odebrecht.

El tercer clavo al ataúd del PT fue otro de los males endémicos hispanoamericanos: la inseguridad. Brasil es un país inseguro, desde lo jurídico hasta la elemental garantía de la integridad física de los ciudadanos. Los turistas en Río son advertidos de tener cuidado con sus billeteras, pero imaginen que la vida entera se pasara en intentos sucesivos de robo (y cosas peores). Si existe una posibilidad de que me roben, tengo que ser precavido. Se trata de una reacción natural.

No hay mucha ciencia en eso, a mayor amenaza, mayor necesidad de seguridad. Si el riesgo es perder mi billetera, puntualmente, con la frecuencia de alguna alineación planetaria, estaré más tranquilo. Pero si el desafío es cotidiano, viviré en un estado de alerta al dejar atrás la puerta de mi casa. Esto es lo que viven los ciudadanos. La agenda de la calle, nunca menospreciable, menos aún manipulable (como muchos analistas creen).

La inseguridad es un tema actual, pero es que nunca ha dejado de serlo. Si acaso, se ha incrementado. Brasil es ejemplo de cómo un país puede entrar en un caos, que desbordó las administraciones sucesivas del PT. Esta incapacidad ha redundado en el desprestigio de un partido, incapaz de construir un argumentario creíble de cara a la elección.

Así, se completan los 3 puntos esenciales del contexto de una elección que favorecía la aparición de un candidato con respuestas claras para problemas claros. Bolsonaro y no Haddad, representaba esto con mayor certeza. La pregunta que se hacían los millones de brasileños era si estaban dispuestos a darle una oportunidad al outsider, o apostar por una renovación del PT desde el poder. Tras el final de esa luna de miel política y económica, que tuvo el PT con el boom de las materias primas, se habían instalado dudas que Odebrecht confirmó.

Para Bolsonaro, la mesa estaba servida. Incluso, obtuvo muchísima publicidad gratuita por parte de medios de comunicación que le adversaban. Es un error estratégico que cometen medios rabiosamente contrarios a algunos candidatos. Los entornos polarizados disminuyen la capacidad de persuasión de los medios, por el contrario, incrementan los sesgos. Bolsonaro representa parte de esta nueva normalidad. Darle más exposición no le perjudicaba, todo lo contrario.

Captura de pantalla 2018-11-05 a las 17.06.58Así, más de 55 millones de brasileños, de todas las clases sociales, se sumaron a ese momento. Para tal cantidad y diferencia no puede aplicarse la lógica del victimismo y chantaje. Argüir que por Bolsonaro solo votaban los más favorecidos, es como decir que en Brasil existen 50 millones de personas con un nivel de vida alto, blancos, etc. A esa narrativa se apunta en algunos intelectuales adormecidos por el varapalo. Pero, cualquier lectura seria a los datos de nivel de vida en el país echa por tierra ese argumento. Comprender esto es el primer paso para despertar.

El discurso de victoria de Bolsonaro, envió señales claras de disposición a controlar algunos de los peores visos de su campaña. Por ahora, la hegemonía de la que gozó el PT parece haber llegado a su fin. Una ciudadanía empobrecida, insegura y resentida con sus élites políticas, vio en el polémico candidato la oportunidad de limpiar por fin con el estado del país. Eso es incuestionable.