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La encrucijada del elector brasileño: una flor en el asfalto

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La encrucijada del elector brasileño: una flor en el asfalto

Por: Renato Luis Miranda.- El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, realizadas el pasado 7 de octubre, manifiesta el rechazo de la población a la clase política tradicional. En general, el imaginario popular brasileño viene marcado por cierto escepticismo político, cristalizado en frases como: “los políticos son todos iguales” o “los políticos son todos ladrones”.

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Izq. Bolsonaro – Der. Haddad

El descontento y la frustración de la población con la clase política ha llevado a la adhesión a discursos moralistas, de cuño conservador, capitaneados por el candidato Jair Bolsonaro, que obtuvo más del 46% de los votos válidos en la primera vuelta. Entre otros preceptos, el candidato defiende a la dictadura militar como camino para la “higienización” de la clase política del país. Para el asombro de la comunidad internacional, el discurso fascista del candidato no ahuyenta a los votantes.

Los ataques expresos ​del candidato contra las minorías sociales sólo parecen aumentar su legión de seguidores

Aunque Brasil es internacionalmente conocido por su diversidad étnica, cultural y religiosa, la actual disputa electoral revela el velo del conservadurismo existente en sus bases sociales. Muchos de los electores de Bolsonaro dicen no estar de acuerdo con la totalidad de sus ideas, pero aún así se adhieren al discurso de la militarización, exaltación de torturadores y apologías al uso de armas. Los ataques expresos ​del candidato contra las minorías sociales – homosexuales, mujeres y negros -, en cadena nacional de televisión, sólo parecen aumentar su legión de seguidores, convencidos de que es mejor renunciar a una democracia plena y plural en nombre de la “moralización” política y social del país.

El giro a la extrema derecha se hace evidente en la constatación de que la suma de los votos de los otros tres candidatos, colocados poco después de Bolsonaro, corresponden casi a su porcentaje del 46,03%. Fernando Haddad (PT) obtuvo cerca del 29,28%, Ciro Gomes (PDT), el 12,47% y Geraldo Alckmin (PSDB), el 4,76%. Las abstenciones superaron la marca del 20,33%.

El escepticismo político y el “antipetismo” en la delantera

El escepticismo político entre los brasileños se viene fortaleciendo bastante en los últimos años, especialmente tras la avalancha de denuncias de corrupción sobre el Partido de los Trabajadores (PT), culminando en la prisión de su líder, Luiz Inácio Lula da Silva. La legalidad de la prisión de Lula fue cuestionada por militantes del campo progresista y por los movimientos sociales del país, además del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que emitió un dictamen favorable a su candidatura, hasta la apreciación final del proceso.

La aversión al Partido de los Trabajadores parece dar la tónica de las elecciones de 2018.

A pesar de tales cuestionamientos, no se puede olvidar que el “antipetismo” viene siendo alimentado por la gran prensa nacional desde hace años, atribuyendo al PT gran parte de la corrupción instalada en la máquina pública y la responsabilidad por la grave crisis económica en que el país viene buceando desde 2014. La aversión al Partido de los Trabajadores parece dar la tónica de las elecciones de 2018.

En el otro lado, los opositores tradicionales de Lula, provenientes de partidos como el PSDB, el DEM y parte del MDB, también se encuentran involucrados en graves denuncias de corrupción. Se suma a eso el hecho de que el actual presidente, Michel Temer (MDB), que asumió tras articular el impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff (PT), llega al final del mandato con uno de los peores índices de aprobación de la historia democrática del país. Con las denuncias de corrupción y habiendo participado en el gobierno Temer, el PSDB sale debilitado de la disputa electoral, perdiendo el estatus de gran portavoz del antipetismo.

Bolsonaro

Jair Bolsonaro

En medio de esa atmósfera, el grito de insatisfacción de gran parte de la población se vuelca en la figura de Jair Bolsonaro, principal exponente del antipetismo. La repulsa no sólo a la clase política, sino a la propia noción de política como forma de organización social y democrática, asumen centralidad en el discurso del elector de extrema derecha. Acusado de no discutir o traer propuestas al país en el área económica, Jair señala su adhesión al liberalismo privatizante y meritocrático, además de su íntima colaboración con el segmento de las iglesias evangélicas, orientadas según la llamada teología de la prosperidad, basadas en el ascenso social por mérito y espíritu emprendedor, junto al conservadurismo en las costumbres.

Lula, la fragmentación del campo progresista y el voto “negativo”

Un año y medio antes de la carrera presidencial, conscientes de la creciente ola de conservadurismo y de los discursos fascistas difundidos alrededor del país, Ciro Gomes (PDT) y Fernando Haddad (PT) pasaron a reunirse en plenarias abiertas en las universidades públicas, con el fin de componer una alianza progresista para las elecciones presidenciales de 2018. Las ocasiones contaban con la presencia de políticos, ex ministros, intelectuales y miembros de la sociedad civil. Con los altos índices de rechazo al PT, la idea era apostar en la candidatura de Ciro, teniendo a Haddad como vicepresidente. La estrategia consistía en unir el campo progresista en torno a una propuesta renovadora, sin traer toda la carga del antipetismo a la disputa electoral.

Fernando Haddad

Fernando Haddad

Sin embargo, cerca del período de inscripción de las candidaturas, Lula, ya preso, no permitió la concreción de dicha alianza. El PT decidió lanzar candidatura propia, creyendo que la figura de Lula como “preso político” sería suficiente para lograr la presidencia para candidato del PT, Fernando Haddad. Pero una elección personalista del líder petista, tal como fue la de Dilma Rousseff, años atrás, para su sucesión en la presidencia, le costaría caro al país.

El PT abrió mano de una alianza con Ciro Gomes, tercero en la primera vuelta y, según las encuestas, el único candidato capaz de vencer tranquilamente a Jair Bolsonaro en la segunda vuelta. Esta carta de triunfo fragmentó el campo progresista, arriesgando la democracia brasileña. El tablero estratégico trazado previó empujar al elector a la encrucijada del voto “negativo”, llevando a la segunda vuelta, por un lado, los votos del antipetismo y del otro, los del antifascismo, en un duelo donde el diálogo y la discusión de proyectos para el país se quedan en segundo plano.

El voto “negativo” dio el tono a la carrera electoral

Al subestimar el antipetismo, no se podía imaginar que el candidato del PSL, Jair Bolsonaro, sería víctima de un atentado con cuchillo, unos 30 días antes de la elección. Si, por un lado, se buscaba la construcción de la imagen de Lula como figura mesiánica y salvadora, perseguido por sus opositores, en términos cristianos el atentado con el cuchillo sufrido por Jair Bolsonaro también conferiría tales atributos al candidato de extrema derecha. Al quedarse más de 20 días ingresado en el hospital, sin participar en los debates, Jair vio su desempeño disparar en las encuestas, manteniendo la estrategia de no dialogar.

Más que nunca, el voto “negativo” dio el tono a la carrera electoral de ahora adelante. Los dos candidatos con mayor índice de rechazo disputarán una segunda vuelta en la que algunos electores están dispuestos a olvidar los errores cometidos por el PT en su pasado reciente y otros están dispuestos a renunciar a la propia democracia, duramente conquistada por los brasileños en la década de 1980, sacrificando valores humanos que tan caro le han costado a la civilización occidental.

Los ánimos del mercado y la democracia en riesgo

Como se sabe, los mercados aguardan ansiosos la definición del escenario político brasileño, a fin de alinear sus expectativas de inversión al tono del próximo gobierno.

El resultado de la primera vuelta fue recibido con euforia por el mercado financiero, con la Ibovespa operando en fuerte alza, el día después de la elección. La promesa liberal no intervencionista del candidato Jair Bolsonaro no fue el único motivo para tal euforia. El buen resultado de la elección legislativa de los candidatos del PSL y de otros partidos que apoyan a Bolsonaro, en la Cámara y en el Senado, señalan la gobernabilidad de una eventual administración militar, algo que agradó al mercado financiero, pues se espera la aprobación de reformas económicas que privilegien aún más a este sector. Sin embargo, los analistas afirman que no será fácil una posible aprobación de las reformas liberales previstas por Paulo Guedes, economista de Bolsonaro. Periodistas y parte de la población esperan del candidato propuestas más consistentes en el campo económico.

Como si no bastara el alto índice de concentración bancaria presente en Brasil, sometiendo la población al pago de intereses altísimos y dificultando la capacidad de inversión del empresariado, las aspiraciones liberales apuntan una vez más a la penalización del capital productivo, generador de empleos y desarrollo, en favor del capital rentista.

El candidato Fernando Haddad, por su parte, ha reforzado el discurso de que hay que distribuir renta para que la economía vuelva a funcionar. En Brasil, cerca del 60% del PIB viene del consumo de las familias. Por esa perspectiva, la distribución de la renta sería el camino para la recuperación del consumo y, por consiguiente, de la reactivación de un ciclo económico virtuoso.

Los riesgos de sobrevenir al llamado “tercer turno” es una realidad, como ocurrió en el gobierno de Dilma

Pero las preocupaciones no se resumen a las posturas más o menos intervencionistas de cada uno de los candidatos. Los riesgos de sobrevenir al llamado “tercer turno” es una realidad, como ocurrió en el gobierno de Dilma. El “tercer turno” generalmente consiste en la correlación de fuerzas en la disputa por el control de las principales palancas del área económica del país, el Ministerio de Hacienda y el Banco Central. Así, sea quien sea el ganador de la elección, tendrá dificultades para administrar la necesidad de reformas, incluida la de la previsión social, además de lidiar con una deuda pública que saltó a más del 75% del PIB durante el gobierno de Temer, un índice bastante preocupante para países en desarrollo. Vale recordar que las políticas liberales de ese gobierno prometían justamente la reducción del endeudamiento público, probando una vez más la ineficacia del remedio amargo neoliberal y sus ajustes.

585100_1En un escenario donde el rechazo a la clase política se confunde erróneamente con la aversión a valores sociopolíticos, el mercado encuentra terreno fértil para la apropiarse de intereses supuestamente “colectivos”. La conducción de las reformas que están por venir tiende, cada vez más, a justificar la inhumanidad de los ajustes propuestos y ocultar su irracionalidad técnica. Todo eso en nombre de la “competitividad” homogeneizadora, elevada a la condición de principio orientador último de la sociedad brasileña, en el momento actual. Se arriesgan así las bases de la propia democracia arrastrando al elector brasileño hacia uno de los mayores dilemas de su historia. Por un lado, el discurso del fundamentalista busca amalgamar los lenguajes liberal, fascista y conservador en un único grito de insatisfacción, del otro, la diversidad, la libertad y la propia humanidad del pueblo brasileño resiste como la flor en el asfalto del poeta Drummond, perforando “el tedio, el asco y el odio”.

Renato Luis Pinto Miranda es Profesor Adjunto III de la Universidad Federal de Alagoas – UFAL, Brasil. Doctor en Administración por la Universidad Federal de Bahía – UFBA, con estancia doctoral en la Universidad Compluentese de Madrid – UCM.  Actúa en las áreas de Administración Pública, Planificación, Estado, Federalismo, Finanzas Públicas y Derecho Público. Desarrolla proyectos de extensión junto a los municipios del agreste alagoano, orientados a la capacitación de gestores públicos. Actualmente, viene investigando la actuación de los Bancos de Desarrollo en las Asociaciones Público-Privadas de América Latina.

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