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“El destierro es una forma brutal de exilio”

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“El destierro es una forma brutal de exilio”

Gabriela Docaos.- Los recientes sucesos ocurridos en Venezuela estas últimas semanas han encendido las alarmas a nivel mundial. Varios países de la región y de Europa, han manifestado de manera contundente el rechazo a las políticas utilizadas por el Gobierno de Nicolás Maduro para tratar cualquier caso de “rebelión” a su régimen.

En ese mismo contexto, nos encontramos con algunos de estos sucesos que han marcado la línea comunicacional e informativa sobre Venezuela a nivel mundial: en primer lugar, el supuesto suicidio de un Concejal comprometido con la libertad y la democracia en el país. Su nombre, Fernando Albán; hombre de quien se dice llevaba la fe católica como arma contra la tiranía y bandera en pro de los DDHH. Una matriz de opinión se ha iniciado en torno a este acontecimiento: varios ex presos políticos han explicado con detalle las condiciones carcelarias en las cuales se encontraban durante su permanencia dentro del recinto, y sus declaraciones se contradicen con las versiones “oficiales” del Gobierno venezolano. En segundo lugar, están las excarcelaciones de cuatro militares acusados de planificar un atentado denominado “El Golpe Azul”. Los funcionarios fueron puestos en libertad y a las pocas horas nuevamente perseguidos por las autoridades; ¿qué pasó? nadie lo sabe. En tercer lugar, el exilio: un día estás dentro de cuatro paredes, eres  presa de las más viles torturas físicas y psicológicas, aterrorizado por lo que puede pasar a tu entorno más cercano, y al otro día estás rumbo a la libertad. Eso fue lo que  sucedió con el joven Lorent Saleh, quien luego de 4 años detenido en las mazmorras del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN, la policía política venezolana), fue sacado y enviado al exilio de manera rápida y eficaz. Es el cuarto joven expulsado del país en condiciones similares.

El precio de la libertad

Justamente sobre ese exilio forzado queremos centrar estas líneas. Y le llamaremos, entonces, destierro. En Venezuela, el destierro se ha convertido en una política de estado; práctica que fue muy utilizada en el Gobierno de Juan Vicente Gómez cuando a los integrantes de la Generación del 28 fueron obligados a salir del país a cambio de recuperar la “libertad”.

Abraham Lincoln decía que “El hombre nunca ha encontrado una definición para la palabra libertad”, sin embargo, según algunos filósofos, la libertad es: “poder elegir”. En el caso de aquellos quienes han estado bajo el asedio del régimen venezolano, elegir no ha sido ninguna opción, por ejemplo, algunos de los miles de jóvenes que han dedicado gran parte de su juventud a la lucha por la democracia venezolana, han tenido que “aceptar” una forma de prisión distinta, que parece una especie de libertad plena, pero no, no lo es.

Si seguimos hurgando en terminologías, según el diccionario, la libertad es el estado o condición de la persona que es libre, que no está en la cárcel ni sometida a la voluntad de otro. Dicho esto, ¿podemos hablar entonces de libertad en un país donde la justicia comandada por una sola persona, cercena ese poder de elegir? ¿Puede ser libre aquel que es alejado de su entorno de manera arbitraria sin explicación alguna?

Pareciera ser entonces que la única opción para conservar ese poder de elegir es la delgada línea de decisión entre la vida y la muerte, tomando en cuenta que estar desterrado es de alguna manera estar condenado a la muerte. El destierro es una forma brutal de exilio en donde el chantaje forma parte esencial para poder vivir con lo más parecido a una sensación de libertad.

larraiz
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