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Comienza la guerra comercial: Trump abre la veda

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Comienza la guerra comercial: Trump abre la veda

La administración del presidente de los Estados Unidos de América ha dado rienda suelta a la renovación del espíritu de la guerra comercial. La semana pasada, Trump aprobó los aranceles sobre importaciones en el acero y el aluminio en una cuantía del 25% y del 10%. Estos aranceles, englobados dentro de la sección 232 de la ley de comercio, están justificados en base a motivos de la seguridad nacional estadounidense.

¿Cuál es la clave de esta nueva política arancelaria? Fácil, la presión. El presidente Trump es un empresario de éxito, eso nadie lo pone en duda; y como empresario de éxito ha tenido que manejarse en ciertas situaciones de tensión empresarial donde parte de su fortuna estaba en juego. Pues bien, Trump ha aplicado esas viejas experiencias en relación con los aranceles con la vista fija en Canadá y México “aconsejando” que si se logra acuerdos dentro del marco del tratado de libre comercio de América del norte tales el TLCAN o el NAFTA; estos dos países estarían exentos de dichas medidas arancelarias.

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Personalmente, opino que Trump tiene varias cartas debajo de la mesa y, gracias a sus pensamientos de macroeconomía y de economía comercial de “suma cero”, si se llega a producir dicha exención, otros países (probablemente la UE) podrían sufrir una subida de sus aranceles. Recordad: “lo que uno gana por lo que uno pierde” siempre ronda la cabeza del actual presidente de EE. UU.

La administración norteamericana ha recibido todo tipo de críticas como veremos a continuación, pero también comentarios de apoyo y comentarios basados en la moderación. Este es el caso de Elon Musk que se posicionó a favor de la nueva política comercial de Trump mientras que el nuevo presidente de la FED, Powell intenta (infructuosamente) frenar el nerviosismo en Wall Street tras observar como el Dow Jones llegó a caer un 2% ante la amenaza de que estallase la guerra comercial de EE. UU y China. Powell es firme a creer que en la actualidad no se observan signos de recalentamiento de la economía norteamericana en el horizonte: “La tasa de paro se sitúa en el 4,1 por ciento la cual está dentro, cerca o incluso debajo de las estimaciones de pleno empleo. No vemos evidencia de una aceleración”.

A pesar de todos los esfuerzos del sucesor de Yellen, su mensaje alivió temporalmente a la bolsa americana. La semana pasada ya observamos cómo, tras la aprobación de los aranceles, en el mercado de divisas el euro se apreció frente al dólar volviendo a situarse en los 1,22 dólares por euro.

A pesar de todo, la Casa Blanca considera que tanto la industria del acero como la del aluminio son cruciales para el sector de defensa de la nación. Los gravámenes arancelarios no solo buscan la protección de la industria militar, sino que también cuentan con un gran componente de seguridad económica donde incluiríamos las industrias de la electricidad, el acero y el aluminio. Todo esto teniendo en cuenta que la economía norteamericana mantiene un nivel sostenido de crecimiento pese a que el crecimiento del PIB se estanque en el 2,5%.

EL ENEMIGO DENTRO DE LA CASA BLANCA

A pesar del establecimiento de estos aranceles sobre las importaciones anteriormente mencionadas cabe destacar las discrepancias vividas dentro del Partido Republicano frente a estas medidas llevadas a cabo por Trump. A pesar de la toma de decisión por parte del presidente, los consejeros del este siguen a día de hoy debatiendo acerca de los diversos escenarios posibles y la lista de países afectados por esta nueva política comercial.

Entre quienes se oponen a estas nuevas medidas proteccionistas se encuentran el secretario de Defensa James Mattis, el director económico Gary Cohn e incluso dentro del mismo Partido Republicano como el senador republicano de Missouri, Roy Blunt el cual se mostraba tajante con respecto a la falta de recursos disponibles en Estados Unidos y las importaciones que mantiene a día de hoy con el acero y el aluminio.

En la oposición se refuerza la idea de que la subida de aranceles podría encarecer los precios para los sectores manufactureros, sector que genera muchos más empleos que los del acero y el aluminio, e incrementando los precios para el consumidor final con la consiguiente subida de la inflación.

El presidente también recibe apoyos y presiones en su decisión arancelaria. Este es el caso de la Alianza para las Manufacturas Americanas, una de las patronales del acero, la cual engloba a U.S. Steel o Arcelor Mittal. Esta patronal ha estado difundiendo desde hace días un anuncio de televisión  presionando al mandatario para que cumpla con su promesa de proteger la industria estadounidense.

PRIMERAS REACCIONES

CHINA

El gigante asiático recordó a Estados Unidos que una decisión económica de este tipo tendrá consecuencias. Tras las advertencias de Wang Hejun, director del departamento de investigación comercial del Ministerio de Comercio de China; Edward Alden, experto del Council on Foreign Relations resaltó que el problema de sobrecapacidad en las industrias del acero y el aluminio está causado principalmente por los subsidios chinos a sus productores.

En 2016, China ocupó el 49% de la capacidad mundial de producción de acero, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en comparación con el 15% en 2000.

Frente al establecimiento de estos aranceles, once países (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam) han firmado en Santiago de Chile la versión definitiva del Tratado Transpacífico (TPP) que liberalizará los intercambios comerciales entre ellos y del que finalmente ha quedado excluido EE UU.

China, el mayor exportador del mundo, no forma parte de este grupo, aunque invitó al resto de países a explorar la posibilidad de integrarse en la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), de la que forman parte China, Japón, Corea del Sur, Austria, Nueva Zelanda e India.

UE

Al otro lado del Atlántico, Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea para el Empleo, el Crecimiento y la Inversión, mostró su confianza en que todavía puedan evitarse los efectos negativos que causarían los aranceles propuestos a las importaciones de acero y aluminio. Frente a las opiniones de la Comisión, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha sido claro y tajante  respecto al riesgo de una posible guerra comercial entre Estados Unidos y Europa:

“Cuando alguien impone aranceles a sus aliados, uno se pregunta quiénes son sus enemigos” “Las disputas se deben resolver en mecanismos multilaterales”

Draghi destacó que el impacto directo de estas medidas no será muy grande, pero que se trata de un asunto relevante porque puede dar lugar a represalias y generar desconfianza. A pesar de esta nueva situación en el plano económico internacional, el BCE decidió mantener los tipos de interés.

NUEVAS OPORTUNIDADES CON LATINOAMERICA

En este nuevo contexto arancelario de luces y sombras, quedan oportunidades que deben de ser aprovechadas. Este es el caso de la relación entre Europa y Latinoamérica en los sectores de infraestructuras, digitalización y la energía renovable. Ambas regiones siguen apostando por el libre comercio y la integración económica ante un escenario de guerras comerciales.

Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano, señaló la semana pasada que Europa haría bien en actuar con Latinoamérica en función de sus propios intereses. Asimismo, la Unión Europea está abierta a la colaboración con China y Estados Unidos.

Cabe resaltar que Trump ha olvidado principalmente que la gestión de una economía difiere de sus estrategias  empresariales que ha realizado a lo largo de su vida. En comercio internacional, el juego de suma cero está claramente situado en los siglos pasados. En la actualidad predomina el juego de suma positiva donde todos los participantes se benefician. La naturaleza del comercio internacional moderno depende de intercambios de materias primas, componentes y productos intermedios fruto de las relaciones intraindustriales. Las medidas proteccionistas impiden que esas relaciones funcionen, mermando la producción en todos los países.

Asimismo, un país como Estados Unidos obtiene beneficio de su déficit porque financia su actividad económica con la llegada de fondos desde el exterior. La administración Trump parece olvidar las próximas necesidades de financiación que va a tener su administración, consecuencia de su recorte de impuestos en sus políticas nacionales.

Por último, conviene recordar que las medidas estadounidenses pasadas en materia proteccionista mermaron la economía de Estados Unidos. Este fue el caso de la administración Bush hijo donde sus medidas proteccionistas en el sector del acero supusieron la pérdida neta de unos 200.000 puestos de trabajo en las industrias estadounidenses.

larraiz
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